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20090504

UNDERGROUND (Emir Kusturica) Yugoslavia, Francia, Alemania, Hungría, 1995. Sábado 9 de mayo de 2009. 20:30h.


GENERO: Drama bélico

AUDIO: Serbocroata SUBTITULOS: Español

DIRECCION: Emir Kusturica

GUION: Dusan Kovacevic y Emir Kusturica

MUSICA: Goran Bregovic FOTOGRAFIA: Vilko Filac (Color) MONTAJE: Branka Ceperac PRODUCCION: Pierre Spengler

SONIDO: Marko Rodic DURACION: 165 minutos

Secuencia de la película

Enlace a encadenados.org con un magnífico trabajo de documentación y crítica por parte de Lucía Solaz

Una guerra no es una guerra hasta que el hermano mata al hermano”.

Tras la Primera Guerra Mundial, Francia e Italia estaban interesadísimas en que no se reconstruyera el Imperio Austro-Húngaro (tan grato para Luis G. Berlanga), y al mismo tiempo toda Europa sentía miedo de que, de pervivir el mapa político de los Balcanes que, en buena medida, había sido el causante de la conflagración mundial, la historia no tardara mucho tiempo en repetirse (como así fue de todos modos, y agravada, aunque por otras causas). Georges Clemenceau, el ‘Tigre’, Presidente de la República Francesa, apoyado por Orlando, el Presidente italiano, tuvo la ‘genial’ idea de crear un nuevo Estado donde tuvieran cabida todas esas naciones liberadas del hundimiento del Imperio Otomano que conservaban a duras penas su independencia ante la avaricia de Austria o Rusia, pensando en que un Estado fuerte y unido podría hacer frente mejor a esas amenazas, e incluso servir como un potente aliado a occidente en la zona. Así nació Yugoslavia en 1918, como la casa de todos los eslavos (a los cientos de miles que no lo eran, nadie les preguntó), y se puso la semilla de uno de los conflictos más enquistados y crueles de los últimos años.

“Una guerra no es una guerra hasta que el hermano mata al hermano”. Esta escalofriante frase la pronuncia Marko, antiguo poeta y político advenedizo, indefenso en su silla de ruedas, una vez que su hermano le ha molido a palos enmedio de un combate en la antigua Yugoslavia y durante la guerra que supuso la liquidación del país.

Underground, película absolutamente imprescindible para entender la narrativa cinematográfica de ese genio del panorama europeo que es Kusturica, relata, mientras hace un repaso por la historia de Yugoslavia en los cincuenta años que van del final de la Segunda Guerra Mundial al estallido del conflicto de los Balcanes en los noventa, la historia de Marko y Petar, inspirados en personajes reales de la historia yugoslava de la era de Tito, ladrones y guerrilleros durante la ocupación nazi del país iniciada en 1941, y Natalija, actriz en ciernes en esa misma época y amante de Petar, y el devenir de esta relación a tres bandas a lo largo del tiempo, todo ello pasado por continuas y deliciosas escenas de bailes y música de viento propios del cine de Kusturica (Mesecina, pedazo de canción), de bodas celebradas con música, alcohol y comida sin límites, abundantes toques de humor, surrealismo y absurdo, y los habituales guiños cinéfilos del director.

Marko, a causa del amor que siente por Natalija, se aprovecha de las circunstancias para ocultar a Petar y a muchos otros, incluyendo a su propio hermano, Jovan, en el enorme, gigantesco sótano de la casa de su abuelo (cabe hasta un blindado), y se las arregla para mantenerlos ahí una vez terminada la guerra mintiéndoles acerca del curso final de la misma y logrando que se dediquen a la fabricación de armas, con las cuales él comercia y llega a alcanzar una cuantiosa fortuna.
Durante décadas permanecerán todos ellos encerrados en el sótano mientras Marko se lleva la gloria de la victoria contra los alemanes y asciende rápidamente en el escalafón de la Yugoslavia comunista del mariscal Tito.

El azar, el alcohol y un chimpancé se aliarán para que años más tarde por fin Petar pueda salir a la calle y comprobar que las cosas no han cambiado desde su encierro (la casualidad quiere que nada más salir vaya a parar a un set de rodaje donde se filma una película precisamente sobre su vida y supuesta muerte en la Segunda Guerra Mundial, con actores y figurantes vestidos de soldados alemanes, auspiciada por Marko, que ha creado un aura de heroísmo en torno a Petar, que para el resto del país está muerto, todo lo cual proporciona unos momentos de comedia de muchos kilates), y así será para él incluso hasta el momento en el que estalla la guerra que sellará el certificado de defunción para Yugoslavia, pues él sigue creyendo que combate contra los fascistas (confusión aparentemente intencionada por parte del autor, estableciendo un símil entre los nazis y los combatientes de aquella guerra reciente, muy dados ellos a las limpiezas étnicas).

La película es tan rica que cualquier intento de sinopsis se convierte en un ejercicio bastante torpe, porque el hilo argumental aquí expuesto se ve enriquecido con la maravillosa música de Goran Bregovic, las poderosas imágenes, los intentos de Marko por manipular la realidad de los que se esconden en el sótano, simulando alarmas y bombardeos, la simbología apenas disimulada de muchos pasajes (el Cristo invertido del final de la película o los animales que aparecen, gansos, caballos o gatos, recurrentes en toda la filmografía del director), la crudeza de otros (el bombardeo del zoológico) y la absorbente magia de los más (los recorridos por las alcantarillas, los bailes, la música de los trombones y las trompetas), pero sobre todo, con las imágenes de archivo que Kusturica utiliza para ilustrar las diversas partes que establece en la narración (1ª - La guerra, 2ª - La Guerra Fría y 3ª - La Guerra, que subrayan la triste historia del país desde su invención), a veces introduciendo a sus propios actores con tecnología digital en los propios documentos históricos: imágenes de ciudades ocupadas por los nazis en 1941 y con el pueblo en las calles celebrándolo brazo en alto, ciudades derruidas, muertos y destrucción por doquier, imágenes también de la época de Tito, con los desfiles, los uniformes, el pueblo feliz y contento, y por último, los documentos visuales sobre la muerte del mariscal, los líderes mundiales que acudieron a las honras fúnebres (Ceaucescu, Breznev, Hussein de Jordania, Arafat, Helmut Schmitt, el Duque de Edimburgo, etc.), y toda una serie de imágenes precursoras del desastre que se avecinaba en un futuro no muy lejano, todo ello acompañado por los inmortales acordes de Lili Marleen, la canción ‘oficiosa’ de la Segunda Guerra Mundial, cantada por todos los ejércitos en todos los idiomas, y que llevó a la gloria Marlene Dietrich.

Pero la película es tan rica y compleja que resulta imposible catalogarla en ninguna de las categorías establecidas: es un drama con partes de comedia, de acción, pero también un musical, una película política, y sobre todo, una historia que desprende nostalgia y amargura. Lo que se desprende de ella es una reflexión en la que pueden verse dos cuestiones principales. En primer lugar, la crítica de la guerra como medio para la resolución de conflictos, pero también su aceptación como último medio cuando todos los demás han fracasado (el propio Kusturica se retrata como operador de fuego en una de las baterías de artillería que disparan al final de la película), lamentando, no obstante, las consecuencias de la misma: muertos, familias rotas, destrucción, países arrasados y ausencia de felicidad y bienestar durante generaciones. En segundo lugar, la película destila nostalgia por la patria desaparecida, por Yugoslavia tal como fue entre 1918 y los años noventa, ruptura de la que responsabiliza a las díscolas repúblicas de Eslovenia, Croacia y Bosnia. (39 escalones)

7 comentarios:

Jesús Pérez Aguilar dijo...

se acuerda de mi??????????'

María Hoyos dijo...

Quien se quedara "pillado-a" por la música de los Balcanes de la BSO de Underground, el próximo 28 de mayo en el Monasterio de la Cartuja, en el marco del festival Territorios Sevilla, tiene la oportunidad de escuchar a Emir Kusturica and The No Smoking Orchestra.

http://www.territoriossevilla.com/artistas_ver.asp?nombre=Emir%20Kusturica%20and%20The%20No%20Smoking%20Orchestra&lang=

Anónimo dijo...

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